Martha Daniela Guerrero
Para conmemorar el Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de marzo, cientos de miles de estudiantes, empleadas públicas, trabajadoras domésticas y familiares de víctimas de feminicidio se manifestaron en todo México, denunciando uno de los peores índices de violencia de género en el mundo.
En la última década, al menos 30,000 mujeres han sido asesinadas en el país, y desde 2018, un promedio de 10 mujeres son asesinadas diariamente.
Entre 2015 y 2021, los feminicidios han aumentado un 121%, ascendiendo a 1006 el año pasado, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. La violencia sexual también incrementó desde 2015, con un aumento del casi 30% en los últimos dos años. Una encuesta de 2016 reveló que 66% de las mujeres mayores de 15 años había experimentado alguna forma de violencia en algún momento de su vida.
Aunque las cifras oficiales continúan en ascenso, grupos feministas y defensores de derechos humanos afirman que el registro de feminicidios se mantiene muy por debajo de la realidad.
El año pasado, 3750 mujeres fueron asesinadas en el país, pero sólo alrededor de 1000 casos se investigaron como feminicidios. Un informe de 2021 de Amnistía Internacional sobre el Estado de México señaló investigaciones deficientes debido a pérdida de pruebas, incumplimiento de todas las líneas de investigación y desatención a protocolos de género, como determinar si las víctimas fueron abusadas sexualmente.

Con 357 mujeres reportadas como desaparecidas desde principios de 2022, lo que supone un promedio de cinco desapariciones diarias, y 292 mujeres asesinadas sólo en enero, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio de México señaló que actualmente sólo se investigan como feminicidios en torno a 75 asesinatos.
“No consideramos que las cifras del gobierno federal sean confiables porque cada estado determina lo que se clasifica como feminicidio y envía esos datos”, dijo Patricia Olamendi, directora de la organización sin fines de lucro Nosotras Tenemos Otros Datos.
Te puede interesar: “No Se Mata la Verdad Matando Periodistas”
Activistas afirman que el subregistro de feminicidios también se relaciona con la edad de las víctimas, ya que se siguen excluyendo los feminicidios infantiles, los cuales van en aumento. De los 7694 asesinatos de menores registrados en México desde 2015 hasta enero de 2022, sólo el 7.4% fueron clasificados como feminicidios. Denunciando el continuo descarte de las motivaciones sexuales detrás de los feminicidios infantiles en México, Olamendi dijo que concepciones erróneas sobre la persecución de menores por parte de agresores y escenarios de intimidad forzada son causantes de este déficit.
Un estudio de ONU-Mujeres de 2018 sobre la Violencia y el Feminicidio de Niñas y Adolescentes en México señaló que los feminicidios de menores de 10 años tienden a ser perpetrados por familiares, mientras que adolescentes de 11 a 17 años también enfrentan violencia por parte de extraños y parejas íntimas.

Mientras la conmemoración del 8 de marzo en México atrae a más personas cada año, en esta edición se produjeron innovadoras manifestaciones en varios estados.
Multitudes de manifestantes portando morado y verde marcharon en la Ciudad de México, siguiendo la ruta de un dirigible que sobrevoló el día anterior con los mensajes “Diez feminicidios al día” y “Ninguna en el olvido.” En el Estado de México, que registró el mayor número de feminicidios el año pasado, asistentes colocaron varios ataúdes frente al palacio de gobierno. En Guanajuato, las fuentes se tiñeron de rojo para representar la sangre de mujeres asesinadas. En Guerrero, empleadas de la administración pública protagonizaron protestas, acusando a compañeros y supervisores de acoso sexual. En Chiapas estallaron protestas indígenas, con cientos de mujeres marchando durante kilómetros para denunciar a los grupos criminales que las aterrorizan.
“No me maten,” “Quiero llegar a casa segura,” “Quiero ser libre y no valiente” y “Quiero ganar lo mismo por el mismo trabajo” fueron algunas de las pancartas más destacadas entre las multitudes. Como cada año desde 2009, José Luis Castillo marchó junto a miles de mujeres, portando una pancarta de cuerpo entero con la foto de su hija Esmeralda sobre un cartel que decía “No me olvides, falto yo.” Castillo desapareció en Ciudad Juárez hace más de una década, cuando tenía 14 años. Este año, los manifestantes abrazaron al Sr. Castillo, también conocido como el “papá buscador,” mientras saltaba al ritmo de cantos con el lema “no estás solo.”
Si bien la desigualdad salarial, la devaluación del trabajo doméstico y el incumplimiento de derechos reproductivos han surgido como problemáticas clave para las mujeres en México, la violencia de género se mantuvo como el reclamo más apremiante este 8 de marzo. Las tasas de feminicidios han seguido aumentando en la última década, lo que incluso llevó al gobierno federal a reconocer recientemente que, a pesar de la “contención” de homicidios en 2021, los asesinatos de mujeres aumentaron.
En un contexto cada vez más violento, no es de extrañar que el “dejen de matarnos” se convirtiera en el grito que dominó las calles locales la semana pasada.
Conforme las mujeres en México denuncian la creciente magnitud de la violencia de género y la desigualdad, el diálogo entre autoridades y organizaciones de la sociedad civil se ha deteriorado desde 2018. Organismos públicos también han denunciado severos recortes presupuestarios, incluido el Instituto Nacional de las Mujeres. La inacción de las autoridades en todos los niveles, tasas de impunidad superando el 95% para feminicidios y fórmulas machistas imperantes sobre los roles de género han desacelerado avances a pesar de continuas protestas.
Daniela Cerva, profesora de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y experta en movimientos feministas y la criminalización de las protestas en México, señaló que si bien en la última década ha surgido un cúmulo de leyes a favor de los derechos de las mujeres, su aplicación es escasa o nula.
Mientras colectivos feministas siguen ganando terreno en América Latina, una de las regiones más desiguales y violentas del mundo para las mujeres, el movimiento mexicano ha transformado las marchas del Día Internacional de la Mujer en muestras masivas de indignación y acción. La Ciudad de México, en particular, se ha visto sacudida por marchas, bloqueos de carreteras y plantones. En los últimos años, los grupos que protestan el 8 de marzo en todo el país se han convertido en voces críticas de las respuestas de gobiernos locales y estatales contra la violencia e inequidad de género, así como de las continuas descalificaciones del presidente López Obrador al movimiento feminista.
Generando polémica por sus recientes defensas del ex candidato a gobernador Félix Salgado Macedonio y del ex candidato a embajador en Panamá Pedro Salmerón, ambos acusados de agresión sexual por múltiples mujeres, López Obrador no sólo ha minimizado la gravedad de la violencia de género, sino que ha acusado a quienes denuncian el aumento de feminicidios de “conspirar” contra él.
“Eso no es defender a las mujeres, ni siquiera es feminismo”, dijo la semana pasada. “Es una posición conservadora, reaccionaria contra nosotros, contra la política de la transformación.”
“Les pido que no caigan en provocaciones y que eviten la violencia,” pidió el presidente la semana pasada antes de la marcha del 8 de marzo, en la que hubo un amplio despliegue policiaco por parte del gobierno federal y de la Ciudad de México. Además de levantar barreras frente a múltiples edificios gubernamentales, las autoridades fortificaron un muro de metal frente al Palacio Nacional, donde reside la familia presidencial. Manifestantes escribieron “México Feminicida” en grandes letras blancas sobre la barrera que el portavoz del presidente López Obrador denominó “el muro de la paz” cuando se colocó por primera vez el año pasado.
Hoy, México se enfrenta a una crisis de salud pública que afecta a más de la mitad de su población, con el aumento de la violencia de género encarnando estructuras arraigadas que han dejado a las mujeres vulnerables económica, legal y físicamente.
Sin embargo, mediante campañas populares con estrategias de acción directa y enfrentamientos simbólicos contra un país que relativiza una de sus crisis sociales más prominentes, las mujeres mexicanas están desmintiendo el mito que considera al feminismo militante una exageración.
Con el peso tanto de alarmantes cifras como de historias individuales de quienes han sido asesinadas, agredidas sexualmente, acosadas y discriminadas en las últimas cinco décadas, la lucha por la visibilidad y el cambio recae en nociones accesibles de seguridad, igualdad y justicia en espacios públicos y privados.

A pesar de la diversidad de agravios y de las complejas conexiones entre la vulnerabilidad económica, sociocultural y política, el creciente movimiento feminista de México se organiza alrededor de una demanda ensordecedora que merece toda nuestra atención: “Dejen de matarnos.”
Mexican Women Turn March 8 into a National Movement Against Violence & Inequality: “Stop Killing Us”
Martha Daniela Guerrero
To commemorate International Women’s Day this past March 8, hundreds of thousands of students, public employees, domestic workers, and relatives of femicide victims staged protests across Mexico, denouncing one of the world’s worst gender violence rates.
In the last decade, at least 30,000 women have been killed in the country, and since 2018, an average of 10 women are killed every day.
Between 2015 and 2021, femicides have risen 121%, reaching 1006 last year according to data by the Executive Secretariat of the National Public Security System. Sexual violence has also increased since 2015, with a near 30% jump in the last two years. A 2016 survey found that 66% of women over the age of 15 had experienced a form of violence at some point in their lives.
Even as official figures keep climbing, feminist groups and human rights activists say that gender-based murders remain greatly undercounted.
Last year, 3750 women were murdered in the country, but only around 1000 cases were investigated as femicides. A 2021 report by Amnesty International on femicides in the state of Mexico pointed to deficient investigations due to misplaced evidence, lack of pursuit of all lines of inquiry, and disregard for gender-informed protocols, such as determining if victims were sexually assaulted.
Te puede interesar: Chuck Schumer y AOC Se Unen a Repartidores de Nueva York para Celebrar Nuevas Protecciones Laborales
With 357 women reported missing since the beginning of 2022, averaging five daily disappearances, and 292 women murdered in January alone, Mexico’s National Femicide Observatory said that currently only about 75 killings are being investigated as femicides.
“We do not consider the federal government’s figures to be reliable because it’s up to each state to determine what is classified as a femicide and send in that data,” said Patricia Olamendi, Director of nonprofit Nosotras Tenemos Otros Datos.
Advocates say that the undercounting of gender-based murders also relates to victims’ ages, as rising child femicides continue to be excluded. Out of the 7,694 killings of minors registered in Mexico from 2015 to January 2022, only 7.4% have been classified as femicides. Denouncing the continual erasure of sexual motivations behind child femicides in Mexico by authorities, Olamendi said that misconceptions about predators’ targeting of minors and forced intimacy settings are responsible for this particular undercount.

A 2018 UN-Women study on Violence and Femicide of Children and Teenagers in Mexico pointed out that femicides of girls up to the age of 10 tend to be perpetrated by relatives, while teenagers aged 11 to 17 also face violence from strangers and intimate partners.
As Mexico’s commemoration of March 8 continues to draw more people every year, this edition saw innovative demonstrations across multiple states.
Throngs of purple-wearing protesters marched in Mexico City, trailing a blimp that flew over the previous day with the messages “Ten femicides a day” and “None in oblivion.” In the State of Mexico, which registered the largest number of femicides last year, demonstrators placed several coffins in front of City Hall. In Guanajuato, fountains were dyed red to represent the blood of murdered women. In Guerrero, female civil service employees led protests, accusing coworkers and supervisors of sexual harassment. Indigenous protests erupted in Chiapas, with hundreds marching for miles to denounce criminal groups that terrorize women and children.
“Don’t kill me,” “I want to get home safe,” “I want to be free and not brave,” and “I want to earn the same for the same work” were some of the most prominent signs among large crowds. Like every year since 2009, José Luis Castillo marched alongside tens of thousands of women, wearing a full-length banner with his daughter Esmeralda’s picture atop a sign reading “Don’t forget me, I’m missing.” Castillo disappeared in Ciudad Juarez over a decade ago when she was 14 years old. This year, protesters uplifted Mr. Castillo, also known as the “dad searcher,” who cheered and jumped to “you’re not alone” chants.
While unequal pay, the devaluation of domestic labor, and reproductive rights enforcement have emerged as key issues for women in Mexico, gender-based violence remained the most pressing grievance this March 8. Femicide rates have continued to rise over the last decade, leading the federal government to recently acknowledge that despite a “containment” in overall homicides in 2021, murders of women have increased.
Against an increasingly violent backdrop, it came as no surprise that “stop killing us” became the cry that dominated Mexican streets last week.
Although women in Mexico decry the growing scale of gender-based violence and inequality, the dialogue between authorities and civil society organizations has deteriorated since President Andrés Manuel López Obrador took office in 2018. Public employees have also denounced severe budget cuts across key agencies, such as the National Women’s Institute. Inaction from authorities at all levels, impunity rates topping 95% for femicides, and prevailing machista notions about gender roles have halted gains for Mexican women despite ongoing protests.
Daniela Cerva, a professor at the Universidad Autónoma del Estado de Morelos who studies feminist movements and the criminalization of protests in Mexico, said that while a surplus of laws in favor of women’s rights has emerged over the last decade, there is little to no enforcement.

As feminist collectives continue to gain ground across Latin America, one of the most unequal and violent regions in the world for women, the Mexican movement has transformed International Women’s Day marches into massive displays of outrage and agency. Mexico City in particular has been rocked by massive marches, roadblocks, and building sit-ins by activists. In recent years, groups protesting on March 8 around the country have become vocal critics of local and state governments’ responses against gender violence and inequality, as well as president López Obrador’s continued dismissals of the feminist movement.
Generating controversy over his recent defenses of former governor candidate Félix Salgado Macedonio and former Panama ambassador nominee Pedro Salmerón, both accused of sexual assault by multiple women, López Obrador has not only downplayed the severity of gender violence, but has accused those denouncing rising femicides of “conspiring” against him.
“That’s not defending women, that’s not even feminism,” he said. “It’s a reactionary conservative position against us, against the politics of transformation,” as he calls his administration’s political agenda.
“I call on you not to fall into provocations and to avoid violence,” the president asked last week before the March 8 march, which saw vast police deployments by the federal and Mexico City governments. Besides erecting barriers in front of multiple government buildings, officials fortified a black metal curb in front of the National Palace, where the presidential family resides. Protesters wrote “Mexico Femicide” in towering white letters on what President López Obrador’s spokesperson dubbed “the wall of peace” when it was first put up last year.
Today, Mexico faces a public health crisis affecting over half of its population, with rising gender-based violence embodying abiding structures that have rendered women financially, legally, and physically vulnerable.
However, staging grassroots campaigns through direct action strategies and symbolic confrontations against a country that relativizes one of its most salient societal crises, Mexican women are beginning to debunk perceptions of militant feminism as an overreaction.
Carrying the weight of both sobering figures and the individual stories of those murdered, sexually assaulted, harassed, and discriminated against in the past five decades, the fight for visibility and change rests on accessible notions of safety, equality, and justice in public and private spaces.
Despite the diversity of grievances and complex connections between economic, socio-cultural, and political vulnerability, Mexico’s growing feminist movement organizes around a deafening demand that deserves our full attention: “Stop killing us.”
TW: @daniguerreroo
JGR